Esperando al Viento

Mi enojo

instalando_windows.jpg Hace exactamente 28 días volví a perder una batalla. La imperiosa necesidad de instalar y trabajar con un software concreto, propietario, muy específico y sin opciones de recurrir a soluciones libres, me obligaron a desinstalar la distribución Suse que tenía instalada desde hacía meses y volverme al XP. Me planteé la opción de instalar esta aplicación en el PC de sobremesa que agoniza por casa, pero decidí descartarlo. Aunque de recursos anda sobrado para esta labor, la verdad es que hace algunos meses se declaró en huelga de hambre. Un buen día apareció un mensaje de Microsoft alertándome de que me habían engañado, de que el SO instalado no era original, y que a partir de ese momento no iba a realizar ni una mísera actualización, por muy crítica que ésta fuese. Lo que Microsoft no sabe es que el SO que yo instalé sí era original, y pagado por mí para más señas. El problema es que el pago lo realicé al adquirir el portátil, y claro, debe ser una violación aberrante lo de instalar este CD en otro de tus ordenadores (una única instalación en una única máquina, que el portátil ya andaba con linux). La pena por este crimen es permitir que una compañía controle qué puedes y qué no puedes descargar, o que tome el control de tu máquina durante unos segundos en los que detiene el arranque y sólo puedes ver su mensaje, y que además haga todo esto porque, a pesar de haber pagado el producto, les sigue perteneciendo y pueden decir dónde, cuándo y cómo puedes instalarlo. Creo que no hay ejemplo más representativo de la irracionalidad y el abuso que se esconde tras el software propietario.

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10 mayo, 2007 Posted by | Uncategorized | , | 3 comentarios