Esperando al Viento

Ladran, luego son perros

Aún sigo dándole vueltas al tema estrella. Lo que me inquieta en este momento tiene que ver con la idea que los diferentes estamentos del Estado tienen acerca de lo que es injurioso o denigrante. Así, a primera vista, uno se queda con la idea de que lo más hiriente, lo verdaderamente injurioso, es la verdad. Cuando aparece la verdad el único camino que queda es alegar que ésta no es más que algo que acaba con la dignidad de no sé quien. ¿Cómo iba a ser de otra manera? ¿Cómo reconocer que dicha verdad no acaba con la dignidad de nada ni de nadie sino que símplemente constata su total ausencia?

Pues bien, con esta duda me quedo: ¿será una calumnia o dañará excesivamente la dignidad de la corona recordar que el rey no heredó de su padre, ni de su abuelo, sino directamente de un dictador? ¿Se puede recordar que juró fidelidad a los principios fundamentales del movimiento?


Esto le gustará a Alberto, por el grupo quiero decir

El sonido no es el mejor, es verdad, pero hoy viene a cuento y las referencias históricas que se cuelan en la letra son pertinentes. Unas cuantas verdades, es decir, un vídeo que más que vídeo es pura injuria de alta graduación.

Por cierto, no puedo evitar recordar que el que secuestra u ordena secuestrar un medio de información o de expresión es el verdadero delincuente puesto que ataca frontalmente a una de las libertades más básicas e inviolables. Y nada debe importar que se añada aquello de “judicial” a modo de etiqueta que legitime la censura. En este caso le han secuestrado al país entero los últimos 30 años, y alguien (el fiscal que decidió arrancar todo esto, el gobierno que le puso ahí, el juez que remata la faena…) debería rendir cuentas por ello. Tampoco estaría de más que se aprovechase esta nueva oportunidad, la enésima si no me fallan las cuentas, para hacer algo de autocrítica. Como muchos han dicho ya, se ha actuado tal y como recoge la constitución, aquella maravilla parida en aquella maravillosa transición. Hay que recordar que es precisamente en dicha constitución en la que se nos aclara que determinados derechos básicos quedan limitados en pos de unos presuntos fines superiores o se nos explica cómo las banderas y las coronas cobran vida y sufren el “síndrome de Calimero”: se sienten insultadas y ultrajadas. Alguien debía venir a protegerlas de tan desafectos ciudadanos, ¿no?

21 julio, 2007 Posted by | Uncategorized | , | 7 comentarios