Esperando al Viento

Autocomplacencia

Las pasadas elecciones presidenciales francesas se tradujeron en nuestro país en un clima de grosera autocomplaciencia. Muchos vieron en esas elecciones y en sus candidatos mucho de lo que anhelan y aspiran a disfrutar por estas tierras. Sin embargo, algunos “detalles” de entonces y muchos de los acontecimientos posteriores fueron convenientemente olvidados. No dejes que la realidad te arruine una buena dosis de autocomplacencia.

Uno de los clavos ardientes al que se agarraron muchos ansiosos por cargarse de razón fue el de la participación: ¡más de un 80%! Este dato fue convertido ipso facto en un “ojalá”, una sana envidia de una situación que pasaba a ser el techo a perseguir, la experiencia más cercana a la verdadera democracia. Fue publicarse el porcentaje de participación e iniciarse inmediatamente los trámites para su beatificación, todo entre gritos de júbilo acerca de la “inmejorable salud de la democracia”.


Para llegar a esta conclusión hubo que obviar algunos matices, quizá demasiados y quizá demasiado gruesos como para considerarlos eso, meros matices, y como para no ver en todo esto una clara desvalorización de lo que se considera democracia. Por una parte, se valoró infinitamente el porcentaje de las presidenciales mientras hoy casi se ignoran los porcentajes y resultados en las legislativas. Curiosa democracia la que se cimenta en tan evidente presidencialismo. Por otro lado, se entendió rápidamente que debía pasarse por alto que los electores franceses, para ser considerados como tales, debían registrarse previamente. Curiosa democracia la que considera ciudadanos con derecho a voto únicamente a quienes se registran como tales. Y más curiosa aún es la democracia que se evalúa en función del porcentaje de participación en un día aislado en un mar de 5 años.

Lo verdaderamente triste es que ante esta manipulación hubo muchos que decidieron llevar las cosas más allá, que exigieron su derecho a explotar la mentira y aprovecharla para afianzar algunas de sus tesis. En lugar de mostrar un mínimo interés por mantenerse crítico ante la manipulación y un afán por exigir siempre más sin conformarse con las migajas de los porcentajes de participación, su opción fue la de pontificar apoyándose en tan inestable base: la democracia está sana, sí, y es sobre todo porque la política también lo está. Políticos renunciando a valores políticos tradicionales, a conquistas previas, al respeto a lo que se supone representan. Al fin y al cabo, políticos modernos, eligiendo el camino de la modernidad que nos ha de llevar a ese sitio tan moderno que es el centro, con fines y medios modernos y sin dejarse llevar por esa antigualla que tanto estorba: la ideología. Eso es lo que se vendió y los resultados avalaron ese nuevo modelo. Ya estaba más cerca el sueño: gestores, tecnócratas, políticos anunciándose como “gente normal” sin ideología pero con “buenas ideas” de progreso…

Dejando de lado este tema, que hace evidente la facilidad con que algunos moldean la realidad para satisfacer su necesidad de demostrar (casi científicamente, ojo) lo cargaditos de razón que andan, hay otro tema en el que la autocomplacencia cegó a los medios y la opinión pública. Se trata del destacado papel que jugó el tema de la ecología y el cambio climático en las elecciones. Eso dijeron los medios: las primeras elecciones en las que la ecología y la defensa del medio ambiente jugaban un papel verdaderamente importante en los programas y campañas electorales. No cabe duda de que así fue, pero nadie cuestionó por qué, cómo y con qué grado de sinceridad. Los candidatos franceses se convirtieron en “gurús” (dichosa manía de buscarlos siempre y para cualquier “causa”), en verdaderos activistas concienciados contra el cambio climático, y eso era más que suficiente en una época en la que el tema se vende tan bien. ¿Pero fue del todo así?

Nicolas Sarkozy, como el resto de candidatos “potentes”, firmó el Pacte Écologique propuesto por Nicolas Hulot, seguramente origen de la irrupción del ecologismo en la carrera por la presidencia. Pero, ¿hasta qué punto fue sincero el apoyo a dicho plan? ¿Dónde acababa el compromiso y empezaba la propaganda electoral? ¿Cómo de sólida es la conciencia ecologista de estos políticos? ¿Qué peso tiene la ideología en su mentalidad en contraposición a la economía? ¿Cómo defenderán esa postura, anhelada por la población a la que deben defender y representar, ante la presión del poder económico? Puede que esta entrevista a Claude Goasguen, portavoz de Sarkozy, pueda aclarar algunas cosas.

Claro, que se trata de otra travesura de estos <a href=”https://jimmyjazz.wordpress.com/2007/04/18/la-omc-anuncio-el-mercado-formalizado-de-la-esclavitud-para-africa/&#8221; mce_href=”https://jimmyjazz.wordpress.com/2007/04/18/la-omc-anuncio-el-mercado-formalizado-de-la-esclavitud-para-africa/”>viejos conocidos</a>. Una entrevista ficticia, forzando la situación y rascando hasta donde ningún periodista se atrevió. En resumen: el plan Hulot es algo ajeno a la campaña, y eso de cumplirlo tal cual y a partir de ya es algo muy discutible, que antes habrá que ver por dónde se coge; que nada de hacer caso a esos que anteponen la defensa del planeta a la economía y que nos quieren llevar a la era de las cavernas y los mamuts, a un “miserabilismo colectivista” insoportable. Y sobre todo: que nadie se asuste, que Hulot es un simple periodista, no un político.

Me quedo con una duda: ¿qué es mayor, la salud de la democracia en Francia o la conciencia ecológica de sus políticos?

20 junio, 2007 - Posted by | Uncategorized | ,

1 comentario »

  1. […] leyendo en Esperado al Viento Jimmy Jazz, 3:06 – Archivado en Política, Sociedad, Internacional. […]

    Pingback por PLANET www.Red Progresista.com » Blog Archive » Autocomplacencia | 20 junio, 2007 | Responder


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