Esperando al Viento

En esta enorme alameda

Amaneció y resultó que jarreaba en la alameda. Y es que andan la vida social y política españolas convulsionadas por la difusión de la última ocurrencia de quienes no cometen la insensatez de darle al intelecto sin enroscarse bien fuerte la txapela; esos que hablan de revoluciones y liberaciones sin conseguir explicar qué tiene de revolucionario y liberador eso de las identidades, patrias y Estados, conceptos novedosos, revolucionarios y emancipadores todos ellos, por supuesto. La verdad es que la novedad no es noticia, al menos si nos referimos exclusivamente a su comunicado. Justificaciones, reclamaciones, lloriqueos, etc., todas ellas dignas de ser ignoradas porque no cuelan. Y es que hay fuerzas mayores que la razón que no se justifican más que a través de sí mismas. A mí personalmente esto me recuerda cada vez más a lo que les sucede a las viejas glorias del rock, que todas sienten la imperiosa necesidad de arrastrarse por un escenario y dejarse en ridículo 40 años después de sus días de éxito. El patetismo del espectáculo es tal que uno entiende inmediatamente que ni cuela ni colará.

Pero bueno, hay muchos invitados a esta cena y no vamos a darle todo el protagonista al niño malcriado que no para de escupir la papilla y que chilla que, o le hacen el avioncito, o nos pone a todos perdidos. La verdad es que a esta mesa estamos todos invitados porque a todos nos afecta lo que aquí suceda. Lamentablemente, en la práctica no es así y todo queda en manos de muy pocos. Cualquier proceso, de paz o de guerra, cualquier medida, pacificadora o revanchista, queda en sus manos y la decisión acerca del camino surge de algo que llaman debate, que no es más que una lucha de poderes con demasiadas variables en juego. Si lo que uno espera es que lo único a tener en cuenta sea la solución del tema se equivoca. Entre esas variables hacia las que es necesario orientar el rabillo del ojo están los intereses partidistas, los intereses particulares, los resultados en la siguiente cita electoral, las condiciones previas, el que la solución sólo llegue una vez implantados valores e ideales propios (pregúntenle a Rajoy si estaría dispuesto a que se finiquitase el conflicto si eso sucediese en una sociedad socialista)… Todo esto, aunque no modifica necesariamente el objetivo a alcanzar, sí que le otorga un papel casi secundario y define los estrechos márgenes por los que se puede transitar.

Alguna vez en los últimos meses hemos criticado por aquí la actitud de quienes sentían flojera de piernas ante el rugir de las fieras y la falta de reacción ante el miedo a deshacerse de algunas de esas realidades anejas (el pavor ante un excesivo desgaste electoral, sin ir más lejos). Eso está ahí, y seguirá estando para cuando se decida analizar y observar cómo se ha actuado, pero posiblemente no sea el momento. No es el momento porque analizar los errores propios es una actitud sana pero demasiado susceptible de ser manipulada y tergiversada hasta ser confundida con las justificaciones de la infamia. Como si la madre que reprocha a su niño que pegue balonazos en la puerta del vecino no lo hiciese para reprochar su mala conducta sino para justificar que dicho vecino se cargue al niño. Pero bueno, dejando esto de lado, hay otro poderoso motivo por el que creo que no es el momento: la ofensiva de la División Azul política y mediática que campa a sus anchas por este país ha tardado demasiado poco en embestir y hacerlo con una violencia aún mayor.

Estos verdaderos hooligans, estos portavoces-profetas de todos los reaccionarios que en este país fueron, exigen, como condición para colaborar en la búsqueda de una solución, ilegalizaciones a mansalva, marginación de fuerzas políticas sólo por su ideología (lo que daría con ellos en el gobierno de Navarra, mira tú por donde), medidas de excepción, asimilación de su mensaje apocalíptico… Exigen para colaborar y alcanzar un acuerdo que dicho acuerdo exista de antemano por retirada de uno de los contendientes. Sin embargo, somos muchos los que no creemos en su mensaje y nos resistimos a asimilar y experimentar su implantación. Somos muchos los que reconocemos el mérito de recurrir a la razón y la mesura, al análisis sosegado y sin miedo a buscar posibles mejoras respecto a la situación de unos años atrás (y en caso de existir, a explotarlas), en lugar de lanzarse en una huída despavorida ante lo primero que huela a desgaste o incorrección política. Más aún si tenemos en cuenta que quienes definen estas categorías son los sectores más conservadores y menos respetuosos con la democracia y las libertades y que, lamentablemente, tienen un protagonismo cada vez mayor en nuestras sociedades a pesar de cómo se etiquete cada uno.

Quienes no creemos en la política al contragolpe, en la filosofía que dice que pegar dos veces es una virtud en sí misma, en la excepcionalidad, etc. debemos dejar claro que valoraremos la firmeza ante el discurso de la que se está convirtiendo en la peor derecha imaginable. Porque no creemos en ello, no creemos en su eficacia y, lo que es peor, sabemos que ese camino sólo abunda en las graves heridas con las que hoy malviven la democracia y las libertades. Dejemos constancia de que, ante el mayor de los problemas, la solución siempre debe ser perseguida a través de los caminos que marcan la ampliación de las libertades y la expansión de la democracia. Dejemos claro que existimos, que el desgaste también lo sufre quien se echa en brazos de la derecha pero que la defensa de algunos principios básicos (aunque sean completmente descafeinados) garantiza apoyos.

Yo por mi parte sabré valorar que se intente evitar que la derecha arrase con esta alameda. Que se mantenga así, herida pero viva, de manera que sigan existiendo los mimbres con los que algún día empecemos a construir entre todos. Porque hoy, escuchando de refilón la comparecencia de Zapatero, he oído las palabras “Más temprano que tarde…” y mi mente ha echado a volar recordando que la historia es nuestra, y la hacen los pueblos y que “mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”. Hoy sabremos ser generosos con quienes protejan el bosque, que ya llegará el día en el que, de las semillas que se salven hoy, nos dediquemos a construir y abrir caminos los que somos verdaderos protagonistas, es decir, todos y cada uno de nosotros.

6 junio, 2007 - Posted by | Uncategorized |

3 comentarios »

  1. […] leyendo en Esperando al Viento Jimmy Jazz, 0:26 – Archivado en Política, Sociedad, Actualidad, Nacionalismo, Terrorismo. […]

    Pingback por PLANET www.Red Progresista.com » Blog Archive » En esta enorme alameda | 6 junio, 2007 | Responder

  2. Peazo post (Eso sí, me da a mí que más que el retorno de una gloria rockera esto ya se parece más al regreso de los Pecos o Camilo Sexto… Por el nivel de horror más que nada.)

    Comentario por Daniel | 6 junio, 2007 | Responder

  3. Pues muchas gracias, y totalmente de acuerdo con esa corrección. A ver qué tal se desarrolla todo, por ahora nos movemos entre mensajes que invitan a cierto optimismo y otros que hacen que uno tema ese ponerse a la defensiva e ir a lo seguro. Lo que sí está asegurado es un final de año de saturación con el tema tratado en clave electoral.

    Saludos.

    Comentario por Jimmy Jazz | 6 junio, 2007 | Responder


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