Esperando al Viento

Ojo al lobby: intentos de chantaje de los mercaderes de la salud

medicamentos Me encuentro con esta noticia de Cinco Días en insurgente.org:

La industria farmacéutica promete más inversión si se frena a los genéricos

La patronal de los laboratorios está dispuesta a invertir 300 millones de euros en un macroproyecto de investigación a cinco años sobre el tratamiento de enfermedades raras, siempre y cuando el Ejecutivo atienda sus peticiones y endurezca la protección sobre las patentes de los fármacos más innovadores, claramente desprotegidos, a su juicio, frente a otros países europeos.

Se trata de una veintena de medicamentos, cuya facturación anual ronda los 1.500 millones de euros, cantidad que han dejado de ingresar los laboratorios al estar patentados estos fármacos antes de 1992.


Conviene leer el artículo completo y es imprescindible hacer alguna reflexión. La primera es clara: tal y como tradujo Javi Chispes una de las mejores letras de The Clash, “el que anda follando con monjas acaba metiéndose a cura”. Entregarse a las grandes corporaciones, en este caso delegando en ellas la investigación, fabricación y comercialización de medicamentos, es directamente atarse de pies y manos. Aplicar el paradigma del máximo beneficio y la lógica arrolladora de la industria capitalista supone aceptar las reglas del juego y todas sus consecuencias, como por ejemplo, el chantaje y el sometimiento a sus caprichos. Por eso, si la industria farmacéutica dice hoy, sin tapujo alguno, que sólo llevará a cabo una parte de su labor si se le paga una injustificada e injustificable compensación, ¿qué le vamos a hacer si sólo está tirando de una correa que alguien decidió ponerse alrededor del cuello? Cuando la política se pone al servicio del capital, ¿cómo no vamos a esperar la injerencia que supone que el capital sugiera cómo deben manejarse los políticos?

En opinión de Emilio Moraleda, vicepresidente de Farmaindustria, la eliminación del diferencial de protección entre España y la UE no implicaría ningún cambio normativo. ‘Lo único que tendría que hacer el Gobierno es transponer al ordenamiento jurídico los acuerdos internacionales de la Organización Mundial de Comercio, alcanzados en 1995 y conocidos como Adpic, en los que se establece la obligación de extender la patente de producto a los medicamentos patentados antes de 1992 que solo contaran con patente de procedimiento’, apuntó.

¿Y cómo extrañarse de las veladas amenazas a la capacidad de los gobiernos para cumplir un compromiso, lesionando así su credibilidad, estabilidad o capacidad de acción?

En este punto recordó la importancia del sector como motor de la investigación y el desarrollo en España (invierte 700 millones de euros al año en esta materia, lo que representa el 18% de la inversión privada en esta materia) y apuntó los beneficios que esta iniciativa podría tener sobre dos de los grandes pilares de la política económica y social del Gobierno: que el gasto en I+D alcance el 2% del PIB en 2010 y que se profundice en la investigación de enfermedades raras, muy vinculadas con las contempladas en la ley de Dependencia.

Por otra parte, y vale como segunda reflexión, cabe destacar que elijan el campo de las enfermedades raras como cebo para pescar un buen montón de billetes. Por una parte, es evidente que a los estados ricos no les van a atraer ni presionar con enfermedades como el sarampión o el catarro primaveral: ninguno de sus súbditos morirá por esas enfermedades. Las enfermedades raras sólo son tenidas en cuenta allí donde las enfermedades “de andar por casa” están bien controladas. Pero, ¿con la cantidad de personas que en el tercer mundo consumirían medicamentos para enfermedades menos llamativas pero con una incidencia mucho mayor? Con el SIDA campando por sus respetos en África, ¿no hay allí millones de potenciales clientes en los que centrarse y dejarse de enfermedades raras? Es evidente: NO. No podrían pagarlo, y no hace falta hablar más. Punto. Claro, que si pudieran pagarlo serían las enfermedades raras las marginadas en la investigación, ¿quién iba a dejarse los cuernos investigando para un mercado tan reducido cuando se puede explotar en el sur una segunda juventud de los medicamentos ya obsoletos en el norte?

Así pues, el modelo capitalista aplicado a la salud no puede llevar a nada mejor: la industria tiene hambre y quiere conseguir su presa dando una patada al gobierno en nuestro hermoso e inmóvil culo. ¿Quiénes son las víctimas de todo esto si no? ¿Quiénes son los rehenes de las patentes y de la escandalosa manera en que son concebidas y esgrimidas por industria y gobiernos sumisos?

9 mayo, 2007 - Posted by | Uncategorized

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