… y por eso voy a ponerme a modificar el aspecto del blog (sí, es triste pero es así) (Actualización: por ahora se queda así, que me he aburrido de matar el aburrimiento). Como por aquí no se va a poder pisar porque está recien alicatado, una imagen, una entrevista a Chuck Munson que habla sobre el anarquismo en EE.UU. y un vídeo de Chomsky hablando sobre el sistema político de allá.
La imagen viene a reincidir en lo que venimos hablando con tanta insistencia últimamente, y es que parece que los planetas se alinean para que aparezca nuevo material y que no podamos abandonar el tema. Bueno, en realidad los que se alinean son los electoralismos a un lado y otro del charco, y a la par las reacciones de todo signo ante ellos:
Aquí la entrevista , porque este tema tratado desde allí ofrece una perspectiva desconocida, interesante y valiosa.
Y por último, el vídeo. Espero que resulten interesantes.
Acabo de llegar a casa algo desconectado después de un día de sopor laboral, agravado por el hecho de que en el trayecto del trabajo a casa la radio no se mantiene sintonizada más de 5 segundos sin incomodísimos cortes. Así pues, mientras me quito los zapatos pongo la radio y escucho no sé qué acerca de unas declaraciones de Arias Cañete. “Al menos no tendremos que sufrirle con la servilleta anudada al cuello a modo de babero de nuevo”, he pensado. He buscado y he encontrado rápidamente un resumen de dichas declaraciones:
La mano de obra inmigrante no es cualificada. [...] Aquellos camareros maravillosos que teníamos, que le pedíamos uno cortado, un nosequé, mi tostada con crema, la mía con manteca colorada, cerdo, y a mí uno de boquerones en vinagre y venían y te lo traían rápidamente y con una enorme eficacia. [El colapso en las urgencias de los hospitales se debe a que] Los inmigrantes han descubierto la grandeza del sistema sanitario español. Alguien que para hacerse una mamografía en Ecuador tiene que pagar el sueldo de nueve meses, viene aquí a urgencias y tarda un cuarto de hora.
Guión de La Bola de Cristal de Santiago Alba Rico. Tiene más de 20 años, y no sólo no ha envejecido con el tiempo sino que es precisamente ahora (y cada vez más) cuando empieza a estar cocinado en su punto, cuando se encuentra en la flor de la vida: